Tanto añora la mente por escuchar palabras del pasado como añora tomar agua después de caminar cientos de kilómetros en pendiente, las letras se resbalan por el costado de aquella hoja de enigmática procedencia y llega para derretirse en espacios estrellados sin estrellas de Tv. La mente abre su boca gigante y absorbe aquél néctar como si fueran cocodrilos en el Nilo buscando aquel sol tan distante que irradia su cuerpo acorazado para moverse y apresar entre sus fauces a algún animal en desgracia.
Esta boca esta hecha de unos pequeños órganos simples y antiguos, no han cambiado durante muchas eras geológicas, toma aquellas palabras derretidas convertidas en un haz y la transforman trágicamente en una señal, no como una señal de tránsito (tan desesperadamente desesperante) ni como una señal divina (tan surrealistamente irreal), si no como un movimiento pequeño, casi imperceptible, ¡como en clave morse!...
Se forman caminos para que la miel caiga en tus sueños, y se aloje para siempre entre tus recuerdos...