Las hojas de Otoño, símbolo cliché de esta época, no caen y se demoran siglos en traernos esa suave brisa y tranquilidad en un paseo junto a los árboles. No se discute el hecho de que no haga frío, pero falta el romanticismo enamoradizo de esas hojas al viento. No se discute que los arboles no boten sus hojas, pero acá en este hoyo humeante no hay árboles cerca mío que cumplan con la increíble tarea de botar sus hojas al viento, parecen arboles plásticos de "casa&deas".
Las lluvias limpian un poco la ventana de mi habitación, llenándola de formas incongruentes e inconsecuentes con la gravedad. Afuera parece ser un caos, pero hermosamente construido para llenarnos de esa "calidez" de invierno, la cual nos lleva a disfrutar de cada gota que cae, de cada gota que cae en las hojas de las plantas, en ver a tu perro corriendo por el patio loco con la lluvia, el ver trasnformarse la tierra una vez sea, en una mezcla de quien sabe que....
El metro con la lluvia es mas agradable, no se porque el agua caida del cielo tiene ese efecto tan relajante sobre mi, me quita toda ansiedad y odio. Me muestra que corta y hermosa es la vida, ya que cada gota que cae es un mundo irreconocible para los ojos humanos porque posee tanto la esencia del mar, como la del aire, y de todas las cosas por donde paso... esa gota es una viajera de miles de kilometros, y viajo muchas millas para caer tiernamente sobre la ventana de algun auto o del metro.
Por un lado este tragico desenlace es una metafora a nuestras vidas, no solo por el hecho de que puede acabar por el parabrisas de un auto, si no mas bien, por que en toda la travesia que hacemos nos llenamos de la esencia de todo, nos jutnamos con otras gotas, y hacemos cosas maravillosas... pero luego debemos caer como todo.
Ahora llueve y mi alma se tranquiliza en que pueda seguir lloviendo un poco más....
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